domingo, 29 de marzo de 2015

Hay que pegarles un tiro

Esta nota comienza cuando uno lee las amenazas contra los ambientalistasnora toia opinión


Hoy los municipios concentran poder; poder judicial, policial, político  y social.  Hoy los municipios concentran el negocio de la obra pública, la libertad para operar sobre la salud de la población permitiendo la contaminación en todas sus acepciones y por lo tanto se gobierna mintiendo y alguien lo tiene que decir.   Intendentes, jueces y concejales ya no son representantes de la salud pública y la lucha contra el avasallamiento de los derechos; acaso somos víctimas de lo que se cocina a espaldas de la representación que las comunidades les diera con el voto.
Aquí empiezan los negocios de muchos intendentes de la provincia de Buenos Aires, ligados al modelo agroindustrial que firmara  Felipe Solá, cuando era ministro de Menem.
Podremos escribir sobre la química contra la historia y la memoria; la química contra la salud y la vida; la química y la desertificación; la soja y el dengue; la  química y los defensores de los agroquímicos que se organizan para saquear la salud;  y sobre La química y la complicidad con el  poder.
Pero esta nota comienza cuando uno lee, estas amenazas contra ambientalistas, ONGs y proteccionistas:
“Que burros que son estos ambientalistas, hay que pegarles 1 tiro a cada uno”…o “los van a desaparecer como lo hacían en la dictadura”, y aquí surge la desertificación del alma tan temida, la indiferencia.
A los argentinos cumplir con la ley nos cuesta, y mientras sigue el debate, la gente enferma; mientras el discurso protege a las fumigaciones, los niños enferman y otros pierden la vida. Mientras se violan los espacios aéreos desde pistas clandestinas de aterrizaje para fumigar sobre la población y las escuelas, desde el poder se los protege y los productores impunes son defendidos por los intereses de la región.
Se gobierna mintiendo en la Provincia de Buenos Aires igual que en Córdoba que le ha costado la pérdida del 95% de sus bosques nativos y de acuíferos y hoy vemos que no pueden parar las inundaciones como consecuencia de producir estas  embestidas contra la naturaleza; se gobierna y no se dice, entre otras cosas  que el dengue es producto de la sojización.
Se fumiga contra la ley, porque este negocio pone en el centro del tema a los intendentes que tienen muchas has para cultivo de soja y necesitan complicidades de ingenieros agrónomos, fumigadores y del poder judicial
La vida no vale nada a estas alturas. Hay un gran desconocimiento sobre el impacto que sobre la salud se produce con los Agrotóxicos, o agrocidas, y no porque no se levanten banderas legítimas en todo el mundo, mientras la gente sigue enfermando por agroquímicos prohibidos.
Las empresas ubicadas cerca de los puertos, y los puertos mismos no son menos culpables de la contaminación de nuestra agua, de nuestro aire, de nuestra humanidad empobrecida y empequeñecida por un poder que no retrocede.  Contaminación dolosa es la figura por la cual se han logrado avances jurídicos, pero para eso hacen falta jueces probos, hombres de la ley que no teman a la justicia divina por avalar enfermedad y muerte.
La vida no vale nada para estos poderosos que se creen dueños de las vidas que empobrecen y dañan hasta la discapacidad. Otro tema que nos debería doler a muchos pero que atrae poca atención en el colectivo social, hasta que una enfermedad dispara contra todos los pronósticos que se defendían o se ignoraban, o se miraban de costado.
La indiferencia mata, a la larga también mata y en peor grado que los agrotóxicos y sus telarañas de poder teñidas de muerte.
Alerta, estas amenazas no deben quedar en la nada.  Argentina, te miramos.
Fuente:  http://diariosn24.com/?p=4268

Confirmado: la OMS ratificó que el glifosato de las fumigaciones puede provocar cáncer

“Hay pruebas convincentes de que el glifosato puede causar cáncer en animales de laboratorio y hay pruebas limitadas de carcinogenicidad en humanos (linfoma no Hodgkin)” y por otra parte el herbicida “también causó daño del ADN y los cromosomas en las células humanas”. De ese modo, la Organización Mundial de la Salud confirmó lo que hace más de una década afirman pueblos fumigados, vecinos en lucha, organizaciones sociales y académicos que no responden al sector empresario. Detalles de informe, en esta crónica exclusiva para lavacaDarío Aranda.
Andrés Carrasco y las Madres de Ituzaingó, Córdoba. Las denuncias de vecinas y de científicos, ratificadas por la OMS
Andrés Carrasco y las Madres de Ituzaingó, Córdoba.
La Organización Mundial de la Salud (OMS), máximo espacio internacional en materia sanitaria, acaba de alertar sobre la vinculación del herbicida glifosato (el más utilizado en el mundo) y el cáncer. Confirmó que existen “pruebas” de que el herbicida puede producir cáncer en humanos y en animales de laboratorio. “También causó daño del ADN y en los cromosomas en las células humanas”, alerta el trabajo científico y detalla que se detectó glifosato en agua, alimentos, y en sangre y orina de humanos. El glifosato se utiliza de manera masiva en soja y maíz transgénicos (entre otros cultivos) y desde hace más de diez años es denunciado por organizaciones sociales, campesinas, médicos y científicos independientes de las empresas.

300 millones de litros

En Argentina se aplica glifosato en más de 28 millones de hectáreas, volcando a los suelos más de 300 millones de litros de glifosato cada año. Los campos de soja transgénica, maíz y algodón son rociados con el herbicida  para que nada crezca, salvo los transgénicos. También está permitido su uso en cítricos, frutales de pepita (manzana, pera, membrillo), vid, yerba mate, girasol, pasturas, pinos y trigo. A partir del avance transgénico, aumentó geométricamente el uso del glifosato, desarrollado y comercializado inicialmente por Monsanto desde la década del ’70, aunque en el 2000 se venció la licencia y en la actualidad lo producen un centenar de empresas.
A medida que crecía la siembra de transgénicos, y mayor era el uso de agrotóxicos, se sumaban las denuncias por daños a la salud la salud. Caso emblemático de Argentina es el de las Madres del Barrio Ituzaingó Anexo en Córdoba, que incluso llegó a juicio penal con condenas para el productor y el fumigador. Y también se sumaron los estudios científicos que daban cuenta de abortos espontáneos, cáncer, malformaciones y afecciones agudas, entre otras consecuencias.

OMS

La Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) es un ámbito especializado de la Organizaciones Mundial de la Salud (OMS). Luego de un año de trabajo de 17 expertos de once países, el 20 de marzo emitió un documento inédito: “Hay pruebas convincentes de que el glifosato puede causar cáncer en animales de laboratorio y hay pruebas limitadas de carcinogenicidad en humanos (linfoma no Hodgkin)”. Detalla que la evidencia en humanos corresponde a la exposición de agricultores de Estados Unidos, Canadá y Suecia, con publicaciones científicas desde 2001. Y destaca que el herbicida “también causó daño del ADN y los cromosomas en las células humanas” (situación que tiene relación directa con el cáncer).
El IARC-OMS recuerda que, en estudios con ratones, la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de Estados Unidos había clasificado al glifosato como posible cancerígeno en 1985 pero luego (1991) modificó la calificación. Los científicos del IARC consideran que, desde la reevaluación de la EPA hasta la fecha, hubo “hallazgos significativos y resultados positivos para llegar a la conclusión de que existen pruebas suficientes de carcinogenicidad en animales de experimentación” y afirman que estudios en personas reportaron “incrementos en los marcadores sanguíneos de daño cromosómico” después de fumigaciones con glifosato.
El documento se llama “Evaluación de cinco insecticidas organofosforados y herbicidas”. Fue publicado en la sede del IARC en Lyon (Francia) y remarca que las evaluaciones son realizadas por grupos de “expertos internacionales” seleccionados sobre la base de sus conocimientos y sin conflictos de interés (no puede tener vinculación con las empresas). Publicaron un resumen de dos carillas y en breve estará el detalle en el denominado “Volumen 112 de las Monografías del IARC”.

En sangre y orina

La organización internacional recuerda que el glifosato es el herbicida de mayor uso mundial. Se utiliza en más de 750 productos diferentes para aplicaciones agrícolas, forestales, urbanos y en el hogar. Su uso se ha incrementado notablemente con el desarrollo de variedades de cultivos transgénicos y precisa que el agroquímico “ha sido detectado en el aire durante la pulverización, en agua y en los alimentos”. Y reconoce que la población “está expuesta principalmente a través de la residencia cerca de las zonas fumigadas”. Precisa que el glifosato se detectó en la sangre y la orina de los trabajadores agrícolas.
Con la nueva evaluación, el glifosato fue categorizado en el “Grupo 2A”, que significa en parámetros de la Organización Mundial de la Salud: “Probablemente cancerígeno para los seres humanos”. Esta categoría se utiliza cuando hay “pruebas limitadas” de carcinogenicidad en humanos y “suficiente evidencia” en animales de experimentación. La evidencia “limitada” significa que existe una “asociación positiva entre la exposición al químico y el cáncer” pero que no se pueden descartar “otras explicaciones”.
El IARC-OMS trabaja sobre cinco categorías de sustancias que tienen relación con el cáncer. El “Grupo 2A” es la segunda categoría en peligrosidad, sólo superada por “Grupo 1”, donde se ubican, por ejemplo, el asbesto y la radiación ionizante. “Por la nueva clasificación, el glifosato es tan cancerígeno como el PCB (compuesto químico que se usaba en los transformadores eléctricos) y el formaldehido, ambos miembros del Grupo 2A en cuanto su capacidad de generar cáncer en humanos”, explicó Medardo Avila Vazquez, de la Red de Médicos de Pueblos Fumigados.

“Se debe prohibir”

La publicación de la Organización Mundial de la Salud fue bien recibida por las organizaciones sociales y científicos independientes (no vinculados a las empresas). Aunque también coincidieron en que la OMS tardó demasiado en reconocer los efectos del glifosato. “Es necesario saludar al IARC y a la OMS por ponerse al día con las investigaciones científicas. Es muy importante esta publicación, habrá un antes y un después, ya que fortalece la posición de los que venimos reclamando a las academias y a los responsables políticos la aplicación y plena vigencia del principio precautorio (tomar medidas urgentes para proteger a la población”, reclamó Damián Verzeñassi, de la Cátedra de Salud Socioambiental de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Rosario. “La OMS lo admitió, ya no pueden quedar dudas, el problema es mucho mayor de lo que se dice. El glifosato ha seguido el mismo camino que el endosulfan, el DDT, el cigarrillo y el Tamiflu”, explicó el investigador de la UNR.
Raúl Horacio Lucero, biólogo molecular e investigador de la Universidad del Nordeste, llamó a aplicar de manera urgente el principio precautorio vigente en la ley: “Se debe prohibir ya la comercialización y aplicación de este veneno”. También lamentó la demora de la OMS: “Si nos hubieran escuchado hace diez años se hubieran salvado muchas vidas”.

Otros agrotóxicos

El IARC-OMS también evaluó al malatión (herbicida) y al diazinón (insecticidas) como probable cancerígeno para los humanos (Grupo 2A, al igual que el glifosato). Los insecticidas tetraclorvinfos y paratión fueron clasificados como posiblemente cancerígeno para los seres humanos (Grupo 2B, con pruebas convincentes de que estos agentes causantes de cáncer en animales de laboratorio). Para el Malathion determinaron la vinculación con daño en el ADNI humano y tumores en roedores.

Monsanto

La empresa Monsanto, creadora del glifosato (bajo la marca Roundup) y principal señalada por la denuncias de perjuicios a la salud, siempre defendió su agroquímico en base a la clasificación de la OMS. La gacetilla institucional, que aún está en el sitio de Internet, llamado “Acerca del glifosato”, resalta que la OMS lo ubica como “producto que normalmente no ofrece peligro” y remarca en negrita un trabajo de 2004 en el que la OMS lo calificaba como “no cancerígeno”.
Monsanto siempre utilizó los argumentos de la OMS. Pero ayer cambió de opinión: “La IARC ha estado bajo críticas tanto por su proceso como el sesgo que ha demostrado”. La compañía acusó a la agencia de la OMS de que su conclusión no es exhaustiva, la considera “sesgada” y la acusa de no basarse en “ciencia de calidad”. Advirtió que ya entró en contacto con la OMS para solicitar una revisión del trabajo.
El comunicado de la mayor corporación del agro mundial sostiene que la clasificación de la IARC-OMS “no se apoya en datos científicos”. Alcanza con ver el documento oficial de la Agencia Internacional para la Investigación contra el Cáncer (IARC) para contabilizar al menos 16 trabajos científicos que confirman los efectos de los agroquímicos. Se citan investigaciones de 1985 hasta de 2015. No figuran los trabajos de David Saltamiras ni de Gary Williams, dos científicos que suelen atacar todo argumento académico contrario a los transgénicos y a los agroquímicos. No es casual: Saltamiras y Williams son empleados de Monsanto y por eso sus trabajos no figuran en la evaluación de la OMS.
Monsanto fue la creadora y mayor comercializadora de glifosato. En el 2000 venció su licencia, lo que abrió pasó a que otras empresas lo produzcan. En Argentina producen el herbicida las compañías Syngenta, Basf, Bayer, Dupont, Dow Agrosciences, Atanor, YPF, Nidera, Nufarm, Red Surcos, Vicentín y Sigma Agro, entre otras.

Carrasco tenía razón

Según estadística de la Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes (Casafe), que reúne a todas las grandes empresas de agroquímicos, en 1996 (cuando se aprobó la primera soja transgénica) se usaban en Argentina once millones de litros de glifosato. En 2012 se vendieron 182 millones de litros de glifosato. Desde hace tres años que Casafe no hace públicas las estadísticas de uso. Sí lo actualizó la Red de Médicos de Pueblos Fumigados. Afirma que en los campos argentinos se arrojan 320 millones de litros de glifosato por año y trece millones de personas en riesgo de ser afectadas por el químico.
Andrés Carrasco, jefe del Laboratorio de Embriología Molecular de la Facultad de Medicina de la UBA e investigador principal del Conicet, confirmó en 2009 que el glifosato producía malformaciones en embriones anfibios, incluso en dosis hasta muy inferiores a las utilizadas en el campo. En 2010 publicó su trabajo en la revista científica estadounidense Chemical Research in Toxicology (Investigación Química en Toxicología). Debió enfrentar una campaña de desprestigio por parte de las empresas, de sectores de la academia y de funcionarios políticos, como el ministro de Ciencia, Lino Barañao. “Los transgénicos y los agrotóxicos en Argentina son un experimento masivo a cielo abierto”, solía advertir en disertaciones y entrevistas. Carrasco, fallecido en mayo de 2014, afirmaba que la mayor prueba de los efectos de los agrotóxicos no había que buscarlas en los laboratorios, sino ir a las comunidades fumigadas.
Raúl Horacio Lucero, investigador chaqueño, le escribió ayer un correo a este periodista: “¿De qué se disfrazarán ahora los expertos del Conicet que tanto atacaron a Andrés Carrasco?”.
Viviana Peralta de San Jorge (Santa Fe), Laura Mazzitelli y Elio Servín de La Leonesa (Chaco), Fabián Tomasi y Don Julio Ariza (Entre Ríos), Miriam Samudio de Puerto Piray (Misiones), Sofía Gatica y María Godoy del Barrio Ituzaingó (Córdoba), María Cristina Monsalvo y Víctor Fernández (de Alberti, Buenos Aires). Una mínima muestra de quiénes denuncian desde hace años los efectos de los agroquímicos. Fueron, la mayoría de las veces, desoídos y maltratados por el poder político, judicial y mediático.
La Organización Mundial de la Salud comenzó a reconocer que los vecinos de a pie tenían razón.
Fuente: http://www.lavaca.org/notas/confirmado-la-oms-ratifico-que-el-glifosato-de-las-fumigaciones-puede-provocar-cancer/

jueves, 13 de noviembre de 2014

Entrevista a Fabian Tomasi

Durísima entrevista con un hombre que lleva en su cuerpo, las consecuencias de la exposición a agroquímicos, y el abandono de los ejecutivos.



Fuente: http://www.ivoox.com/entrevista-a-fabian-tomasi-audios-mp3_rf_3729835_1.html

Fabian Tomasi


El ex trabajador del campo Fabian Tomasi, de 47 años, muestra la condición de su cuerpo demacrado mientras se encuentra dentro de su casa en Basavilbaso, en la provincia de Entre Ríos, Argentina, el 29 de marzo. El trabajo de Tomasi era mantener a los aviones fumigadores volar llenando rápidamente sus tanques pero él dice que nunca fue entrenado para manejar pesticidas. Ahora está a punto de morir de polineuropatía. "Me preparé millones de litros de veneno y sin ningún tipo de protección, ni guantes, máscaras o ropa especial. Yo no sabía nada. Me enteré más tarde de lo que me hizo a mí, después de contactar con los científicos," dijo. (Natacha Pisarenko / Associated Press) #

Fuente: http://noticiasalternativasdelmundo.blogspot.com.ar/search?q=fabian

"Detrás de cada delito penal ambiental hay un funcionario corrupto"

DERECHO PENAL AMBIENTAL

"Detrás de cada delito penal ambiental hay un funcionario corrupto"

 11/11/2014Lo aseguró Antonio Gómez, fundador de la red de Fiscales Ambientales de América, y actual fiscal de Cámara Federal de Tucumán. El experto estuvo ayer en Roca.

ROCA.- Desde pingüinos empetrolados hasta residuos patógenos sin tratamiento, pasando por las secuelas contaminantes de la actividad petrolera y gasífera y el uso descontrolado de agroquímicos, todos son delitos penales ambientales. "Son muchas las actividades que generan contaminación, siempre con connivencia o negligencia de funcionarios públicos, y las víctimas somos todos", advierte Antonio Gómez, fundador de la red de Fiscales Ambientales de América, y actual fiscal de Cámara Federal de Tucumán. El experto estuvo ayer en Roca, invitado por el fiscal general de Río Negro, Marcelo Álvarez, para brindar un taller sobre esa materia del que participaron funcionarios judiciales, representantes de organizaciones ambientalistas y varios referentes de organismos públicos.
"Si el narcotráfico afecta a un 20% de la población, los delitos ambientales afectan al 100%. Eso nos tiene que servir para dimensionar la gravedad del asunto", sostiene Gómez, quien durante el taller demandó de los fiscales más compromiso en la investigación de este tipo de delitos y a la vez alentó a la ciudadanía no sólo a denunciar "ante la primera fiscalía que tengan a mano" sino también a participar de las causas como querellantes, aun con la advertencia de que habrá "presiones de empresas internacionales aliadas con los gobiernos, interminables trámites de deslindes de competencia judicial y temor de los propios denunciantes, de los fiscales y de los jueces".
"El fracking y los agrotóxicos pueden ser mortales, pero no hace falta que alguien muera intoxicado para que exista delito; alcanza con que se genere el peligro, con que se violen los reglamentos, con que se falseen los estudios de impacto ambiental", aclara Gómez, quien a lo largo de su carrera ha intervenido en causas tan paradigmáticas como la mina La Alumbrera de Catamarca o los derrames de petróleo en la costa chubutense.
"Detrás de cada delito penal ambiental hay un funcionario corrupto", advierte el fiscal, condenando -por ejemplo- las cláusulas "secretas" del acuerdo Chevron-YPF en materia ambiental y el "pase de pelota" entre la Justicia Federal y los juzgados provinciales que termina dejando impunes muchos delitos que afectan al ambiente. "El poder económico y el poder político son aliados en estos casos, donde la variable de ajuste termina siento la seguridad ambiental para garantizar el rédito empresarial. Por eso el responsable penal siempre es el que se beneficia económicamente con la contaminación y el funcionario que se lo permite, convirtiéndose en cómplice", sostiene Gómez.
Sin dudarlo advierte que el sector más gravemente contaminado en la Argentina es hoy la zona del río Matanza - Riachuelo, en Buenos Aires. Las opiniones, dictámenes y otros trabajos del expositor en materia de derecho penal ambiental pueden leerse en los sitios web www.fiscaliagraltucuman.gov.ar o en www.fiscalgomez.com.ar.

Fuente: http://rionegro.com.ar/diario/detras-de-cada-delito-penal-ambiental-hay-un-funcionario-corrupto-4855407-9574-nota.asp  http://entrerioslibredefrackingchajari.blogspot.com.ar/

miércoles, 8 de octubre de 2014

Arándanos y agroquímicos en Blueberries S.A.

El periodista Patricio Eleisegui, es al autor del libro que se titula “Fruto de la Desgracia”. El trabajo periodístico se desarrolla en Concordia y gira en torno al arándano y a su forma de producción con agroquímicos. “El Fruto de la Desgracia” involucra la muerte de Edgardo Ferreyra de 48 años, trabajador de Blueberries SA, y a actores como la vocera y empresaria Graciela M. de Taylor, la doctora Mónica Murtagh y OSPRERA (Obra Social de los Trabajadores Rurales), entre otros. Lo siguiente es un anticipo en exclusiva del minucioso trabajo de investigación que se divulgará en estos días; el mismo muestra y expone lo que sucede en Concordia alrededor del arándano.

El periodista Patricio Eleisegui de Buenos Aires es autor de “Envenenados. Una bomba química nos extermina en silencio” (Ed. Wu Wei 2014). En él expone los efectos nocivos en la salud de las personas de los agroquímicos que se utilizan en el cultivo de soja. Ahora vuelve a aparecer en el campo periodístico con una investigación sobre la producción y la gestación del arándano en Concordia, titulada “Fruto de la Desgracia. Agroquímicos y esclavos para un mundo con arándano argentino”.
En la presente investigación Eleisegui hace contacto con Edgardo Ferreyra (a quien corresponde la imagen del informe), el cual, en palabras del autor, se convirtió en el acontecimiento decisivo “que disparó la concreción de este trabajo”.
Edgardo Ferreyra fue empleado de una de las mayores productoras de arándanos de la Argentina Blueberries SA;  aseguraba que su sangre había sido contaminada por el uso de agroquímicos en el cultivo de los arándanos para dicha compañía
El martes 10 de junio falleció en el hospital Masvernat a sus 48 años. A Ferreyra el cáncer se lo llevó en seis meses; al morir presentaba deformaciones y bultos rojizos, luego que se le diagnosticara, a inicios de 2014, la presencia de linfomas por todo el cuerpo.

TESTIMONIO EN PRIMERA PERSONA: “YO COMÍ ARÁNDANO ENVENENADO”
“Yo comí arándano envenenado… En el 2012 fui y comí de vuelta. Había caído piedra y para no perder la fruta, la empresa le echó químicos. Querían que la fruta haga cáscara otra vez. Eso es lo que me contaminó a mí. Ahora tengo todo el cuerpo tomado con linfomas. Ahí mismo, en la empresa, murió un muchacho de Concordia por la misma causa y hay diez más complicados en la misma situación. Esos son de distintas partes de país. Los dolores que siento son insoportables. Estoy con quimioterapia”, relataba Edgardo Ferreyra, oriundo de Federación, también remisero y albañil; quien trabajó en temporada de cosecha, de octubre a diciembre.
Ferreyra explicaba en el primer contacto con Eleisegui, durante el mes de abril, que la tarea que desempeñaba dentro de la empresa Blueberries era la de operario: “Trabajaba adentro del galpón, manejando los botones de las máquinas, nada más. Máquinas que elevan la fruta para la envasadora. Que no venga la fruta muy rápido, esas cosas. Yo no estaba en el campo ni nada. Estaba en blanco y todo”.
“Los primeros síntomas de la intoxicación los empecé a sentir a fines de ese 2012 que yo comí. Después estuve todo el 2013 enfermo, imposibilitado. Los de la mutual OSPRERA (obra social de los trabajadores rurales) me rechazaron todos los papeles. Y la empresa, como hace un año, terminó la zafra y cerró la oficina. Todos desaparecieron”, exponía Ferreyra; testimonio que va desandando a lo largo de la investigación.

MONICA MURTAGH, LA MÉDICA DESENTENDIDA DE LOS AGROQUÍMICOS
La doctora que lo atendió es Mónica Murtagh, jefa en el servicio de Hematología del hospital Masvernat, “directamente me encuentra cáncer en la sangre. Al mes de los primeros estudios ya tenía la mitad de los glóbulos rojos que debería tener. Todos los bultos en el cuerpo me empezaron a aparecer a partir de enero de este año”, contaba Ferreyra a Eleisegui. A lo que agregaba “Está comprobado, eso me dijo mi médica, que no había que comer arándanos porque estaba con químico”.
El mismo Eleisegui contactó, vía telefónica, a la médica Mónica Murtagh, y después de un par de preguntas, “la doctora en cuestión hizo gala de contradicciones hasta concluir el diálogo de manera intempestiva. En todo momento, su intención fue la de no referirse a la situación del ex empleado del arándano, incluso adujo desconocer su dolencia”.
“No tengo idea de qué productos se usan en los arándanos. Pero los organofosforados no son la bomba de Hiroshima”, expresaba la médica Mónica Murtagh.
El autor del libro “Envenenados” es contundente en relación a las palabras y a la postura de la profesional de la salud Mónica Murtagh ante la problemática de los agroquímicos: “Pese a que en todo momento remarcó su desconocimiento respecto de los plaguicidas que se aplican sobre la fruta, la especialista insistió con que ´no se puede decir que hay una relación directa con los organofosforados´-palabra que jamás pronunció este autor en todo el diálogo- además de repetir una apreciación que fija una postura frente al problema de la contaminación con agroquímicos: “Los organofosforados no son la bomba de Hiroshima”.
El “Fruto de la Desgracia” explica el origen y el devenir de los organofosforados, cuyo principal desarrollo se dio en la Segunda Guerra Mundial pero aparece como gas letal en la guerra entre Irak-Irán de los años 80 y en los atentados terroristas en Japón del ´94 Y ´95, hasta llegar a convertirse en parte de activa de los pesticidas.
La investigación brinda información rigurosa y detallada de los pesticidas basados en organofosforados que se utilizan sobre el arándano en Concordia; en un fragmento nos dice: “-pese a que Murtagh dijo no estar al tanto de los químicos que demanda la actividad- se destacan los insecticidas metilazinfos y clorpirifos que tanto la germana Bayer como la estadounidense Dow comercializan bajo las etiquetas Gusathion 36 SC y Lorsba”.

ARÁNDANOS SIN LAVAR PARA EL MERCADO INTERNO
Patricio Eleisegui consultó a Graciela M. de Taylor, la vocera de la Asociación de Productores de Arándanos de la Mesopotamia Argentina (APAMA), sobre la vinculación entre la producción del arándano y agroquímicos.
“Hoy no existe producción que no lleve agroquímicos. Yo soy productora de cítricos también, y de variedades de frambuesa y nueces. Toda la producción frutihortícola, absolutamente toda, a no ser que venga con una certificación de orgánico, lleva agroquímico”, manifestó la empresaria Graciela M. de Taylor y vocera de APAMA.
Reconoció que “La fruta va así. Se pasa nada más por una clasificación para sacar el arándano que está deteriorado. A la fruta no se le hace nada posterior”, aseverando que “Un problema por contaminación con algún producto o un residuo de fumigación te puede pasar con cualquier fruta”.
La reflexión que decanta de las expresiones vertidas por Graciela M. de Taylor en el “Fruto de la Desgracia” es la reveladora frase de Eleisegui: “La misma cámara que nuclea a las empresas productoras de Concordia, reconocen y destacan que la fruta no se limpia o lava en ningún momento”.
En la investigación aparecen distintos relatos de ex empleados, por ejemplo, de La Granja Azul SRL, donde uno de ellos destaca que: “En Concordia se usa mucho glifosato. No se le aplica a la planta del arándano, pero si al suelo, alrededor del tronco, para matar los yuyos. Al momento del análisis, los productores tienen mucho cuidado de dónde toman las muestras. Así, no se saca fruta de la parte de debajo de la planta”.
Luego, y en estricto off the record, un despachante de aduana con pasado en la exportadora Sun Belle cuenta la forma en que se comercializa la fruta, explicitando que “Por supuesto que el arándano no se lava. El inconveniente está sobre todo en el producto que queda para el consumo interno, porque es el descarte y directamente no se controla qué tiene y qué no”.

ARÁNDANO CON BROMURO DE METILO PARA EEUU
Cabe destacar que al arándano que se exporta desde Concordia a los Estados Unidos, el que representa el 95%, le corresponde una fumigación extra. La misma es exigida por Estados Unidos a sus proveedores para poder comercializar la fruta. Antes de su envío al mercado norteamericano la fruta resulta empacada en pallets que luego son fumigados con bromuro de metilo, el cual elimina los residuos químicos.

CONCLUSIÓN
El trabajo periodístico brinda detalles del titular de Blueberries SA, el empresario mendocino Ulises Sábato quien presenta domicilio en Nueva Jersey, EEUU. Contacta al abogado de Edgardo Ferreyra, Andrés Pessolani, quien cuenta que “la misma empresa les daba la fruta para que coman en el horario del almuerzo. Y esa fruta venía con químicos”.
La investigación consta de un capítulo titulado “Cultivar con esclavos”. Allí se entrevista con Alcides Camejo, actual secretario general del sindicato de la Fruta de Entre Ríos, quien aporta material fotográfico sobre las condiciones laborales de los empleados del arándano, una estructura que mueve en Concordia hasta 15.000 trabajadores.
Para no extendernos por demás, recomendamos a quien esté interesado en la problemática de los agroquímicos en Concordia, la lectura del “Fruto de la Desgracia” de Patricio Eleisegui, el cual verá la luz pública en breve.

http://www.diariojunio.com.ar/noticia.php?noticia=64236