jueves, 13 de noviembre de 2014

Entrevista a Fabian Tomasi

Durísima entrevista con un hombre que lleva en su cuerpo, las consecuencias de la exposición a agroquímicos, y el abandono de los ejecutivos.



Fuente: http://www.ivoox.com/entrevista-a-fabian-tomasi-audios-mp3_rf_3729835_1.html

Fabian Tomasi


El ex trabajador del campo Fabian Tomasi, de 47 años, muestra la condición de su cuerpo demacrado mientras se encuentra dentro de su casa en Basavilbaso, en la provincia de Entre Ríos, Argentina, el 29 de marzo. El trabajo de Tomasi era mantener a los aviones fumigadores volar llenando rápidamente sus tanques pero él dice que nunca fue entrenado para manejar pesticidas. Ahora está a punto de morir de polineuropatía. "Me preparé millones de litros de veneno y sin ningún tipo de protección, ni guantes, máscaras o ropa especial. Yo no sabía nada. Me enteré más tarde de lo que me hizo a mí, después de contactar con los científicos," dijo. (Natacha Pisarenko / Associated Press) #

Fuente: http://noticiasalternativasdelmundo.blogspot.com.ar/search?q=fabian

"Detrás de cada delito penal ambiental hay un funcionario corrupto"

DERECHO PENAL AMBIENTAL

"Detrás de cada delito penal ambiental hay un funcionario corrupto"

 11/11/2014Lo aseguró Antonio Gómez, fundador de la red de Fiscales Ambientales de América, y actual fiscal de Cámara Federal de Tucumán. El experto estuvo ayer en Roca.

ROCA.- Desde pingüinos empetrolados hasta residuos patógenos sin tratamiento, pasando por las secuelas contaminantes de la actividad petrolera y gasífera y el uso descontrolado de agroquímicos, todos son delitos penales ambientales. "Son muchas las actividades que generan contaminación, siempre con connivencia o negligencia de funcionarios públicos, y las víctimas somos todos", advierte Antonio Gómez, fundador de la red de Fiscales Ambientales de América, y actual fiscal de Cámara Federal de Tucumán. El experto estuvo ayer en Roca, invitado por el fiscal general de Río Negro, Marcelo Álvarez, para brindar un taller sobre esa materia del que participaron funcionarios judiciales, representantes de organizaciones ambientalistas y varios referentes de organismos públicos.
"Si el narcotráfico afecta a un 20% de la población, los delitos ambientales afectan al 100%. Eso nos tiene que servir para dimensionar la gravedad del asunto", sostiene Gómez, quien durante el taller demandó de los fiscales más compromiso en la investigación de este tipo de delitos y a la vez alentó a la ciudadanía no sólo a denunciar "ante la primera fiscalía que tengan a mano" sino también a participar de las causas como querellantes, aun con la advertencia de que habrá "presiones de empresas internacionales aliadas con los gobiernos, interminables trámites de deslindes de competencia judicial y temor de los propios denunciantes, de los fiscales y de los jueces".
"El fracking y los agrotóxicos pueden ser mortales, pero no hace falta que alguien muera intoxicado para que exista delito; alcanza con que se genere el peligro, con que se violen los reglamentos, con que se falseen los estudios de impacto ambiental", aclara Gómez, quien a lo largo de su carrera ha intervenido en causas tan paradigmáticas como la mina La Alumbrera de Catamarca o los derrames de petróleo en la costa chubutense.
"Detrás de cada delito penal ambiental hay un funcionario corrupto", advierte el fiscal, condenando -por ejemplo- las cláusulas "secretas" del acuerdo Chevron-YPF en materia ambiental y el "pase de pelota" entre la Justicia Federal y los juzgados provinciales que termina dejando impunes muchos delitos que afectan al ambiente. "El poder económico y el poder político son aliados en estos casos, donde la variable de ajuste termina siento la seguridad ambiental para garantizar el rédito empresarial. Por eso el responsable penal siempre es el que se beneficia económicamente con la contaminación y el funcionario que se lo permite, convirtiéndose en cómplice", sostiene Gómez.
Sin dudarlo advierte que el sector más gravemente contaminado en la Argentina es hoy la zona del río Matanza - Riachuelo, en Buenos Aires. Las opiniones, dictámenes y otros trabajos del expositor en materia de derecho penal ambiental pueden leerse en los sitios web www.fiscaliagraltucuman.gov.ar o en www.fiscalgomez.com.ar.

Fuente: http://rionegro.com.ar/diario/detras-de-cada-delito-penal-ambiental-hay-un-funcionario-corrupto-4855407-9574-nota.asp  http://entrerioslibredefrackingchajari.blogspot.com.ar/

miércoles, 8 de octubre de 2014

Arándanos y agroquímicos en Blueberries S.A.

El periodista Patricio Eleisegui, es al autor del libro que se titula “Fruto de la Desgracia”. El trabajo periodístico se desarrolla en Concordia y gira en torno al arándano y a su forma de producción con agroquímicos. “El Fruto de la Desgracia” involucra la muerte de Edgardo Ferreyra de 48 años, trabajador de Blueberries SA, y a actores como la vocera y empresaria Graciela M. de Taylor, la doctora Mónica Murtagh y OSPRERA (Obra Social de los Trabajadores Rurales), entre otros. Lo siguiente es un anticipo en exclusiva del minucioso trabajo de investigación que se divulgará en estos días; el mismo muestra y expone lo que sucede en Concordia alrededor del arándano.

El periodista Patricio Eleisegui de Buenos Aires es autor de “Envenenados. Una bomba química nos extermina en silencio” (Ed. Wu Wei 2014). En él expone los efectos nocivos en la salud de las personas de los agroquímicos que se utilizan en el cultivo de soja. Ahora vuelve a aparecer en el campo periodístico con una investigación sobre la producción y la gestación del arándano en Concordia, titulada “Fruto de la Desgracia. Agroquímicos y esclavos para un mundo con arándano argentino”.
En la presente investigación Eleisegui hace contacto con Edgardo Ferreyra (a quien corresponde la imagen del informe), el cual, en palabras del autor, se convirtió en el acontecimiento decisivo “que disparó la concreción de este trabajo”.
Edgardo Ferreyra fue empleado de una de las mayores productoras de arándanos de la Argentina Blueberries SA;  aseguraba que su sangre había sido contaminada por el uso de agroquímicos en el cultivo de los arándanos para dicha compañía
El martes 10 de junio falleció en el hospital Masvernat a sus 48 años. A Ferreyra el cáncer se lo llevó en seis meses; al morir presentaba deformaciones y bultos rojizos, luego que se le diagnosticara, a inicios de 2014, la presencia de linfomas por todo el cuerpo.

TESTIMONIO EN PRIMERA PERSONA: “YO COMÍ ARÁNDANO ENVENENADO”
“Yo comí arándano envenenado… En el 2012 fui y comí de vuelta. Había caído piedra y para no perder la fruta, la empresa le echó químicos. Querían que la fruta haga cáscara otra vez. Eso es lo que me contaminó a mí. Ahora tengo todo el cuerpo tomado con linfomas. Ahí mismo, en la empresa, murió un muchacho de Concordia por la misma causa y hay diez más complicados en la misma situación. Esos son de distintas partes de país. Los dolores que siento son insoportables. Estoy con quimioterapia”, relataba Edgardo Ferreyra, oriundo de Federación, también remisero y albañil; quien trabajó en temporada de cosecha, de octubre a diciembre.
Ferreyra explicaba en el primer contacto con Eleisegui, durante el mes de abril, que la tarea que desempeñaba dentro de la empresa Blueberries era la de operario: “Trabajaba adentro del galpón, manejando los botones de las máquinas, nada más. Máquinas que elevan la fruta para la envasadora. Que no venga la fruta muy rápido, esas cosas. Yo no estaba en el campo ni nada. Estaba en blanco y todo”.
“Los primeros síntomas de la intoxicación los empecé a sentir a fines de ese 2012 que yo comí. Después estuve todo el 2013 enfermo, imposibilitado. Los de la mutual OSPRERA (obra social de los trabajadores rurales) me rechazaron todos los papeles. Y la empresa, como hace un año, terminó la zafra y cerró la oficina. Todos desaparecieron”, exponía Ferreyra; testimonio que va desandando a lo largo de la investigación.

MONICA MURTAGH, LA MÉDICA DESENTENDIDA DE LOS AGROQUÍMICOS
La doctora que lo atendió es Mónica Murtagh, jefa en el servicio de Hematología del hospital Masvernat, “directamente me encuentra cáncer en la sangre. Al mes de los primeros estudios ya tenía la mitad de los glóbulos rojos que debería tener. Todos los bultos en el cuerpo me empezaron a aparecer a partir de enero de este año”, contaba Ferreyra a Eleisegui. A lo que agregaba “Está comprobado, eso me dijo mi médica, que no había que comer arándanos porque estaba con químico”.
El mismo Eleisegui contactó, vía telefónica, a la médica Mónica Murtagh, y después de un par de preguntas, “la doctora en cuestión hizo gala de contradicciones hasta concluir el diálogo de manera intempestiva. En todo momento, su intención fue la de no referirse a la situación del ex empleado del arándano, incluso adujo desconocer su dolencia”.
“No tengo idea de qué productos se usan en los arándanos. Pero los organofosforados no son la bomba de Hiroshima”, expresaba la médica Mónica Murtagh.
El autor del libro “Envenenados” es contundente en relación a las palabras y a la postura de la profesional de la salud Mónica Murtagh ante la problemática de los agroquímicos: “Pese a que en todo momento remarcó su desconocimiento respecto de los plaguicidas que se aplican sobre la fruta, la especialista insistió con que ´no se puede decir que hay una relación directa con los organofosforados´-palabra que jamás pronunció este autor en todo el diálogo- además de repetir una apreciación que fija una postura frente al problema de la contaminación con agroquímicos: “Los organofosforados no son la bomba de Hiroshima”.
El “Fruto de la Desgracia” explica el origen y el devenir de los organofosforados, cuyo principal desarrollo se dio en la Segunda Guerra Mundial pero aparece como gas letal en la guerra entre Irak-Irán de los años 80 y en los atentados terroristas en Japón del ´94 Y ´95, hasta llegar a convertirse en parte de activa de los pesticidas.
La investigación brinda información rigurosa y detallada de los pesticidas basados en organofosforados que se utilizan sobre el arándano en Concordia; en un fragmento nos dice: “-pese a que Murtagh dijo no estar al tanto de los químicos que demanda la actividad- se destacan los insecticidas metilazinfos y clorpirifos que tanto la germana Bayer como la estadounidense Dow comercializan bajo las etiquetas Gusathion 36 SC y Lorsba”.

ARÁNDANOS SIN LAVAR PARA EL MERCADO INTERNO
Patricio Eleisegui consultó a Graciela M. de Taylor, la vocera de la Asociación de Productores de Arándanos de la Mesopotamia Argentina (APAMA), sobre la vinculación entre la producción del arándano y agroquímicos.
“Hoy no existe producción que no lleve agroquímicos. Yo soy productora de cítricos también, y de variedades de frambuesa y nueces. Toda la producción frutihortícola, absolutamente toda, a no ser que venga con una certificación de orgánico, lleva agroquímico”, manifestó la empresaria Graciela M. de Taylor y vocera de APAMA.
Reconoció que “La fruta va así. Se pasa nada más por una clasificación para sacar el arándano que está deteriorado. A la fruta no se le hace nada posterior”, aseverando que “Un problema por contaminación con algún producto o un residuo de fumigación te puede pasar con cualquier fruta”.
La reflexión que decanta de las expresiones vertidas por Graciela M. de Taylor en el “Fruto de la Desgracia” es la reveladora frase de Eleisegui: “La misma cámara que nuclea a las empresas productoras de Concordia, reconocen y destacan que la fruta no se limpia o lava en ningún momento”.
En la investigación aparecen distintos relatos de ex empleados, por ejemplo, de La Granja Azul SRL, donde uno de ellos destaca que: “En Concordia se usa mucho glifosato. No se le aplica a la planta del arándano, pero si al suelo, alrededor del tronco, para matar los yuyos. Al momento del análisis, los productores tienen mucho cuidado de dónde toman las muestras. Así, no se saca fruta de la parte de debajo de la planta”.
Luego, y en estricto off the record, un despachante de aduana con pasado en la exportadora Sun Belle cuenta la forma en que se comercializa la fruta, explicitando que “Por supuesto que el arándano no se lava. El inconveniente está sobre todo en el producto que queda para el consumo interno, porque es el descarte y directamente no se controla qué tiene y qué no”.

ARÁNDANO CON BROMURO DE METILO PARA EEUU
Cabe destacar que al arándano que se exporta desde Concordia a los Estados Unidos, el que representa el 95%, le corresponde una fumigación extra. La misma es exigida por Estados Unidos a sus proveedores para poder comercializar la fruta. Antes de su envío al mercado norteamericano la fruta resulta empacada en pallets que luego son fumigados con bromuro de metilo, el cual elimina los residuos químicos.

CONCLUSIÓN
El trabajo periodístico brinda detalles del titular de Blueberries SA, el empresario mendocino Ulises Sábato quien presenta domicilio en Nueva Jersey, EEUU. Contacta al abogado de Edgardo Ferreyra, Andrés Pessolani, quien cuenta que “la misma empresa les daba la fruta para que coman en el horario del almuerzo. Y esa fruta venía con químicos”.
La investigación consta de un capítulo titulado “Cultivar con esclavos”. Allí se entrevista con Alcides Camejo, actual secretario general del sindicato de la Fruta de Entre Ríos, quien aporta material fotográfico sobre las condiciones laborales de los empleados del arándano, una estructura que mueve en Concordia hasta 15.000 trabajadores.
Para no extendernos por demás, recomendamos a quien esté interesado en la problemática de los agroquímicos en Concordia, la lectura del “Fruto de la Desgracia” de Patricio Eleisegui, el cual verá la luz pública en breve.

http://www.diariojunio.com.ar/noticia.php?noticia=64236

Primavera sin Monsanto (Parte 2) - Discurso de Andrés Carrasco

Recordando al profesor Carrasco: Andrés Carrasco vs. Monsanto

Andres_Carrasco

El profesor Andrés Carrasco tuvo enemigos muy poderosos, pero también muchos amigos en un país que depende en gran medida de la soja transgénica.
A continuación mostramos el homenaje que le han rendido en un medio de comunicación de Venezuela. después de su muerte el pasado mes de mayo. La prensa corporativa argentina ha mantenido silencio sobre su muerte y su trayectoria, por las razones que se explican en el artículo.
Las investigaciones de Andrés Carrasco han sido fundamentales para que el mundo conociese los terribles daños que en la salud de las personas causa la fumigación de Roundup en los cultivos transgénicos.
Extracto: Las autoridades han estado rechazando de forma repetida las denunciadas presentadas, considerándolas como meras expresiones de paranoia o de exageraciones. Como los principales medios de comunicación, periódicos y canales de televisión, son parte interesada en el comercio agrícola, también les ha ignorado.
Andrés Carrasco tenía un gran sentido de la responsabilidad ética ante la sociedad: el papel del científico debiera ser el de trabajar por el bienestar general. Fue un feroz crítico de la idea de que la Ciencia debe estar al servicio de las empresas o del crecimiento económico per se.
Andres Carrasco vs. Monsanto
por Ezequiel Adamovsky
Telesur (Venezuela), 1 de octubre 2014
El profesor Andrés Carrasco se ganó muchos enemigos en un país que depende en gran medida de la agricultura, en su mayoría dominada por los cultivos transgénicos, ocupando la soja el primer lugar.
Cuando el profesor Andrés Carrasco murió el pasado mes de mayo, a los 67 años de edad, elWashington Post, publicó un artículo titulado “Muere el científico argentino que desafió a Monsanto”. Otros periodistas estadounidenses y de todo el mundo, desde el Times de la IndiaLa Jornada de México, y docenas de sitios web (incluyendo Fox News y Salon), publicaron artículos similares. Hasta hace unos años, Andrés Carrasco, biólogo molecular de laUniversidad de Buenos Aires y expresidente del Consejo Científico de Argentina (CONICET), era conocido únicamente entre los expertos en desarrollo embrionario, su campo de investigación. Pero a partir del año 2009 ganó notoriedad mundial por su estudio de los efectos del glifosato, uno de los herbicidas más utilizados en el mundo, y que comercializa Monsanto. Las investigaciones de Carrasco han demostrado que cantidades mínimas de glifosato pueden causar daños neurológicos en los embriones de rana, lo que sugiere muchos de los defectos de nacimiento que se han detectado en las comunidades agrícolas de Argentina. No en vano, sus descubrimientos se convirtieron en un grave problema de relaciones públicas con Monsanto, cada vez más preocupada por el aumento de las evidencias científicas que apuntan en esa dirección.
Contrariamente a la atención internacional, los lectores del periódico de Argentina más leído,Clarín, ni siquiera les informó de la muerte de Carrasco, que hasta el día de hoy no ha dicho nada sobre este asunto. La Nación, el segundo diario más leído en Argentina, sólo publicó unbreve obituario cuatro días después del fallecimiento. La mitad de este texto se emplea en desacreditar las conclusiones de Carrasco, una cosa bastante extraña cuando se trata de un obituario. Ambos periódicos pertenecen a empresas con vínculos directos con los agronegocios y tratan de forma reiterada en desacreditar toda información crítica y opiniones relacionadas con las actividades de Monsanto en Argentina. De hecho, el profesor Andrés Carrasco se ganó muchos enemigos en un país que depende en gran medida de la agricultura, en su mayoría dominada por los cultivos transgénicos, entre ellos la soja ocupando el primer lugar.
La primera variedad de soja transgénica tolerante al glifosato (Roundup) fue aprobada por el Estado argentino en 1996 durante el segundo mandato del neoliberal Carlos Menem. El proceso de aprobación fue sorprendentemente rápido: los únicos estudios de toxicidad que se consultaron fueron los aportados por Monsanto. Desde entonces, la proporción de tierra agrícola argentina que va siendo ocupada por la soja transgénica creció de forma espectacular, hasta alcanzar el máximo hoy en día, que se estima en torno al 50%. Como todos estos cultivos requieren de fumigaciones con glifosato, sus efectos tóxicos se hicieron cada vez más evidentes. Al cabo de unos años, las comunidades rurales empezaron a notar un aumento de casos de malformaciones, generalmente raras, y de casos de cáncer, enfermedades neuronales y respiratorias. Pero su voz no se oía: como una gran parte de los ingresos del Estado provienen de los impuestos sobre las exportaciones agrícolas, de la soja en particular, ninguno de los posteriores presidentes hizo mucho por analizar seriamente la situación, mientras que los gobernadores y alcaldes de todas las tendencias políticas no están particularmente interesados en desafiar el poder de los agricultores y empresas que pagan impuestos. La actual presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, se ha convertido en una de las mayores fans de Monsanto, una Corporación que menciona en sus discursos de una forma amistosa, como un inversor que trae ingresos y tecnología. Así que las denuncias de las personas corrientes siguen siendo desechadas por las autoridades: meras expresiones de paranoia o exageraciones ambientalistas.
Andrés Carrasco tenía un gran sentido de la responsabilidad ética ante la sociedad: el papel del científico debiera ser el de trabajar por el bienestar general. Fue un feroz crítico de la idea de que la Ciencia debe estar al servicio de las empresas o del crecimiento económico per se. Dándose cuenta de las preocupaciones de las comunidades rurales, decidió centrar sus investigaciones sobre los posibles efectos del glifosato en la salud humana, utilizando para ello embriones de rana. Al descubrir los efectos teratogénicos, dio a conocer estos resultados: se puso en contacto con Darío Aranda, uno de los pocos periodistas que estaban prestando atención a las comunidades rurales, y en abril de 2009 alcanza la primera plana del diario Página 12, el principal periódico progresista de Argentina. Su anterior vida tranquila de científico cambió para siempre. De inmediato abogados de CASAFE (una asociación que reúne a las principales corporaciones de agroquímicos, incluyendo a Monsanto) asaltaron literalmente su laboratorio en busca de documentos y pruebas de investigación. Pero siendo un hombre valiente y de fuerte temperamento, logró echarlos con rapidez. Después vinieron las amenazas anónimas y las intimidaciones por teléfono, Pero lo peor de todo fueron los ataques a su integridad y a su reputación como científico. Nada menos que el Ministro de Ciencia y Tecnología, Lino Barañao, declaró públicamente que las investigaciones de Carrasco no merecían ninguna credibilidad. Por otro lado, el Ministro envió un correo electrónico privado a la Comisión Nacional de Ética en Ciencia y Tecnología, sugiriendo que debían evaluar el comportamiento de Carrasco por razones éticas. Pero al filtrarse el correo a la prensa, el Comité dio marcha atrás. Carrasco se defendió diciendo que el argumento del supuesto incumplimiento ético, es decir, la divulgación de información científica antes de ser publicada en una revista académica seria, no era válido, ya que el suyo fue un acto ético. La importancia del descubrimiento requería de medidas urgentes: no cabía esperar el largo proceso de publicación académica. Poco después anunció que su investigación estaba bajo consideración de una reconocida revista internacional ( no mentía, ya que se publicó en la revista estadounidense revisada por pares Chemical Research in Toxicology) Los funcionarios estatales argentinos no fueron sus mayores enemigos. Gracias a Wikileaks, Andrés Carrasco se enteró de que la Embajada de Estados Unidos en Argentina también había ejercido presiones contra él. Otras formas de hostigamiento continuaron durante los dos años posteriores. En agosto de 2010, casi fue linchado por una turba de hombres de negocios y políticos locales cuando iba a dar una charla en la provincia de Chaco. El último insulto le llegó en 2013, cuando la junta del CONICET declinó su petición de ocupar la categoría más alta dentro del sistema público de investigación ( algo para lo que tenía sobradas cualificaciones).
Sin embargo, Carrasco también hizo muchos amigos durante estos años. Desde 2009, los movimientos sociales, organizaciones campesinas, asociaciones de vecinos fumigados, los indígenas expulsados de sus tierras debido a la expansión de la Agroindustria, activistas y científicos afines, estudiantes y periodistas, se interesaron por su trabajo. Fue invitado a docenas de Universidades y dio multitud de conferencias científicas para presentar sus hallazgos, tanto en Argentina como en el extranjero; pero también lo hizo en escuelas rurales y en asambleas de vecinos de todo el país. Aprovechó cada oportunidad que le dieron para advertir a la gente de los efectos del glifosato, incluso cuando su salud empeoró. De ser un científico apenas conocido, en pocos años de convirtió en un figura pública, para muchos en un héroe.
El pasado mes de junio, la Escuela de Medicina de la Universidad de Rosario ( la tercera ciudad más grande de Argentina) estableció el día 16 de junio, el día del cumpleaños de Carrasco, como el Día de la Ciencia Digna (Día de la Dignidad en la Ciencia), para así celebrar el papel del conocimiento y los servicios prestados por los científicos a la comunidad ( no sólo el servicio de obtener ganancias). Otras Universidades argentinas ya han acordado conmemorar también ese día. Teniendo en cuenta que las Universidades y los científicos de todo el mundo están bajo presión para convertirse en un mecanismo de las empresas, que proporcionan una investigación barata, sería una gran oportunidad que en todo el mundo se conmemorase tal día: el Día de la Dignidad en la Ciencia.
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Procedencia del artículo:
http://noticiasdeabajo.wordpress.com/2014/10/04/recordando-al-profesor-carrasco-andres-carrasco-vs-monsanto/

martes, 7 de octubre de 2014

Leila, arrancada como la maleza


Publicado: 07 Octubre 2014
Por Silvana Melo
(APe).- El viernes murió Leila. Peladita como en la foto por la agresión química de la terapia. Invadida por la leucemia como por la maleza las hierbas buenas. Porque Leila era una hierba buena, tierna, débil como los gurises de Entre Ríos. Y fue atacada como si fuera maleza. Por la otra agresión química. Por los glifosatos, los endosulfanes, los 2,4-D, inteligentes y selectivos, que no hacen mella de los cultivos atravesados por la transgénesis pero sí emborrachan y matan pájaros, perros, flores. Y niños.
Leila vivía en San Salvador, un pueblo de Entre Ríos con 17 mil habitantes, capital del arroz intrusada por la soja, fumigada brutalmente, con un conteo de muertes por cánceres diversos que la gente enumera por debajo pero pocos se animan a plantar como bandera. Es que los cereales son la fuente de trabajo, directa e indirecta, de la mayoría. En pueblos como San Salvador, si no es el intendente el que tiene campo, es el médico del pueblo. O el presidente de la cooperadora de la escuela. Entonces en las charlas en las que las dirigencias se vieron obligadas a analizar las causas del aumento de los tumores (imposibles de ocultar por más que los funcionarios ofrecieron sus dedos para el eclipse del sol) se habló de los peligros del cigarrillo.
Pero el viernes murió Leila. Que no alcanzó a cumplir quince porque los venenos le arrebataron la fiesta y los onces de diciembre en los que tenía planeado celebrar.
Durante mucho tiempo el 629 de la calle 1º de Mayo estuvo vacío. Leila Derudder estaba en el Garrahan y toda su familia le hacía el aguante turnándose. En los alrededores de su casa, el cáncer es un vecino más. Cada uno tiene su historia, que es extra-oficial. Hormiguea por las calles, pero no por los despachos oficiales. Las esquinas manejan sus propios certificados de muerte (tumores, leucemias) y desmienten a los de defunción de los hospitales (paro cardiorrespiratorio).
Andrea Kloster es una de las vecinas de Leila. Organiza eventos pero cada vez la contratan menos. Lo admitió en el Aula D del Garrahan, el miércoles 1, cuando el espacio se colmó para escuchar a Darío Gianfelici, médico rural de Entre Ríos. Que relató detalladamente las consecuencias de las fumigaciones sobre los seres vivos. Especialmente sobre los niños. Que se envenenan con menos cantidad de plaguicidas que los adultos. Porque el sistema inmunológico no está completamente desarrollado. Porque el hígado humano no tiene la capacidad de descomponer plaguicidas. Porque aman el juego, se llenan los pies de barro y chapotean en los charcos a la vera de los sembrados. Dice Gianfelici: “Los chicos siempre van atrás del mosquito (avión fumigador) porque como los pájaros quedan atontados por el veneno los pueden agarrar con la mano”.
San Salvador tiene 17 mil habitantes. Andrea Kloster apareció en ese pequeño recinto, apenas un punto en la inmensidad del Garrahan. Donde la enfermera Mercedes Méndez resiste a los molinos de viento sistémicos y logra reunir a unos cuantos profesionales que comienzan a admitir que a sus manos llegan niños fumigados desde ciertas provincias. Y que los ven morir estragados por los tumores.
“Hace un año empezamos a darnos cuenta de cómo se morían nuestros vecinos”, dijo Andrea. “No se diagnostican los casos. Alrededor del pueblo hay cincuenta industrias. Usan el cauce del arroyito para lavar las fumigadoras. No hay pescado, sapos ni pajaritos”.
Si no navegara en aguas de tragedia, la historia de la subdiagnosticación tendría ribetes bizarros. A Leila “le dolían los huesos. En el hospital de San Salvador le dijeron que era dolor de crecimiento. En Paraná la mandaron urgente a Buenos Aires”. Como el caso de Carla, citado por Luna Lovegood en el diario digital Conectate Paraná: “Carlita empezó a caminar torcido y un traumatólogo le dijo que no tenía nada. Gritaba del dolor de cabeza y le daban analgésicos. Le salieron manchas en la piel y le dieron pomada para hongos. Tuvo arcadas y vómitos y le diagnosticaron desde bulimia hasta gastritis severa. Se le empezaron a caer las uñas, como si tuviera los dedos infectados y podridos, y decían que era por ponérselos en la boca”. En el mismo rumbo de la charla sobre cáncer producido por agrotóxicos en los que se terminó hablando de los peligros del tabaco.
El pueblo está rodeado de sembradíos. El arroz que le concedió el título de capital, está cada vez más arrinconado por la soja. Cayó en un 30 por ciento en los últimos dos años. Resisten 8.000 hectáreas de arroz contra más de 30.000 de soja. Los padres de niños muertos dejan de tener miedo a las cosas del mundo. Nada peor puede pasarles y van al frente. Suelen ser la infantería de todas las luchas. “Estamos rodeados de fumigaciones”, dicen. Entre las casas se intercalan los silos, obesos de arroz fumigado. Y el pueblo queda como “un pozo lleno de polvo de cereal y pesticidas”. Los vecinos hacen cuentas: dicen que la mitad de sus muertos entre 2013 y 2014 tenían cáncer. El promedio país oscila entre el 18 y el 20%.
El Grupo de Genética y Mutagénesis Ambiental (GEMA) de la Universidad Nacional de Río Cuarto, después de ocho años de estudio, determinó que “los agroquímicos generan daño genético y conllevan mayores probabilidades de contraer cáncer, sufrir abortos espontáneos y nacimientos con malformaciones. (…) Confirmaron con estudios en personas y animales las consecuencias sanitarias del modelo agropecuario. Glifosato, endosulfan, atrazina, cipermetrina y clorpirifós son algunos de los agroquímicos perjudiciales” (Página 12, 6/10/14).
En soledad casi aterradora (lo acompañan Daniel Verzeñassi en Rosario y Medardo Avila en Córdoba) el doctor Gianfelici fatigaba el miércoles las imágenes de un proyector en un reducto aislado del Garrahan. “Se nos presenta un niño con intoxicación aguda, diarrea, vómitos, dolor. Con medicación se le pasa. A los diez años el mismo niño aparece con leucemia”.
Mientras Andrea Kloster relataba la especialidad de la Directora de Epidemiología de Entre Ríos (es veterinaria), una médica lloraba conmovida por Leila. “La estoy atendiendo y se va a morir hoy”, decía entre espasmos. Resistió apenas dos días más. Gianfelici explicaba entonces por qué los médicos prefieren diagnosticar en divorcio con los agroquímicos. “El médico llega al pueblo con su familia. Tiene un crecimiento profesional y económico y qué hace… compra campo”. Pero también “sus pacientes dejan de ir si denuncia la fuente de trabajo”. Y si se trata de escuelas fumigadas (existe una amplia acción de AGMER para alejar la deriva envenenada de las escuelas) “cómo hace el docente si el presidente de la cooperadora es el dueño del campo de al lado”.
Esa incomodidad estructural se vivió el día en que, con el doctor Daniel Verzeñassi presente, la gente hablaba de los químicos y el intendente, del cigarrillo. “Levante la mano quién ha tenido o tiene cercano un familiar o amigo con cáncer, infertilidad masculina, aborto espontáneo, problema tiroideo, leucemia, linfoma, tumores, malformaciones de bebés”. Nueve de cada diez levantaron la mano.
En su último artículo antes de morir, el biólogo molecular Andrés Carrasco (condenado al escarnio y la soledad por el poder económico, científico y político) aseguró que “el negocio global de alimentos agota recursos no renovables por cuenta y necesidad de un modelo depredador que necesita el control de toda la cadena para ejercer hegemonía y asegurar la rentabilidad. Es un sistema de saqueo e iniquidad que no contempla el bien común o la felicidad del pueblo, que destruye vida, naturaleza y autonomía y que genera más hambre y exclusión”.
Leila murió el viernes. Tenía 14 años y una sonrisa de dientes separados y picardía. Y creció rodeada de la soja y el arroz, respirando y embebiéndose de la deriva. Pocos años atrás murieron José Rivero y Nicolás Arévalo, víctimas de los tomatales de Lavalle. Y de la tierra húmeda de venenos sobre la que corrían descalzos y se revolcaban en los veranos correntinos.
Son muchos más. Innumerables los nombres.
Aunque Leila, José y Nicolás se hayan vuelto íconos vaya a saber por qué. Tan bellos y niños. Tan arrancados de cuajo como la maleza.

Edición: 2789
 http://www.pelotadetrapo.org.ar/leila,-arrancada-como-la-maleza.html